A veces, solo a veces, salís a la ventana y no hay nada más allá que te contenga. Universo de escoria, hostil e inaccesible, te sacude la sonrisa y la nostalgia. De nada sirve gritar, llorar, tomar pastillas y alcohol. Nadie va a enterarse. Nadie va a darse por enterado. Podés seguir pegado al cristal de tu ventana una vida, o podes reventarlo en mil pedazos y cortarte las venas con sus trozos. Podés imaginar que sos valiente o también descubrirte muy cobarde. Podés volverte místico y rezarle a algún dios, todos los dioses o descreer del cielo y hacer la revolución en la tierra. Podés ser muchas y ninguna que nadie va a enterarse o darse por enterado.
